Tiggy


La historia de Tiggy es de lo mas especial. David y su mujer, una pareja inglesa y jubilada que vive en un barco por el Mediterraneo, se encontraban en Ibiza de visita a las islas, y encontraron a Tiggy en medio de la carretera una mañana de Junio.

Intentaron encontrar algún centro o persona que pudiera hacerse cargo de ella sin éxito, preguntaron a la gente de la zona y nadie les supo orientar, así que decidieron llevársela al barco y criarla ellos mismos. Seguramente sea el primer erizo que ha sido criado a mano en un barco en medio del mar.

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Por suerte, ya que no es fácil siendo tan pequeña, se crió y creció perfectamente. Pero David sabía que no podía quedársela, así que siguió buscando un lugar donde pudieran ocuparse de ella, ya que liberarla de golpe habiendo sido criada en unas condiciones tan poco naturales no era la mejor idea. Vivía en en mar, tenía su tupper para dormir y correteaba por el interior del barco. Hasta nos contó que cuando tenía hambre, iba corriendo a morderle los pies para llamar su atención y que le diera el biberón.

Y así es como dio con nosotros, me escribió y yo no podía creerme la historia. Además casualmente iba a amarrar en la costa de Tarragona, así que podíamos quedar y ver en que estado se encontraba, si iba a necesitar ir al centro de fauna o estaba en suficiente buen estado.

Consulté con el centro el tema de si se podía liberar aquí mismo o no, ya que aunque se tratara de una eriza moruna como los que tenemos en nuestra zona, no tenía claro si había algún problema en ese sentido, pero me explicaron que no y que si necesitaba atención podían atenderla perfectamente.

Y así es como conocí a Tiggy, super chiquitita y blanquita. David la trajo hasta el centro, estaba perfectamente, en su peso, espabilada, comía muy bien y las cacotas como debían ser.

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Decidimos dejarla en el recinto pequeño junto a Walter, ya que tenían casi la misma edad y siempre les iba a ser mas fácil adaptarse a una vida de erizo salvaje estando juntos de pequeños que solos, así podían aprender uno del otro y reconocerse como especie.

Nunca había comido insectos, que es la base de su dieta natural, así que empezamos a darles gusanitos, caracoles y lombrices. Al principio no les hacían ni caso, pero en cuanto entendieron que era comida aprendieron a buscarlos y a comerlos con normalidad.

Se estaban haciendo gradotes y fuertes, así que los trasladamos al recinto grande para que tuvieran mucho mas espacio y estuviera aún mas naturalizado, y se adaptaron perfectamente. Reconozco que las primeras noches no tenía claro si a la mañana siguiente seguiría ahí. De hecho un día estaba convencida de que se había escapado, ya que no la venía por ninguna parte, y es que hizo un hoyo tan profundo para esconderse en su nido que no había manera de verla.

Pasaron unas semanas y así es como estaba, ya bien grandota y lista para volver a la naturaleza y ser libre. Así que contactamos con David por si seguía en la zona y quería ser él mismo quien la liberara, después de haberla criado y haberse preocupado tanto por ella, no hay mayor satisfacción que verla correr libre en su hábitat. Y así fué.

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Hubo un momento sencillamente mágico. Cuando llegamos al lugar, abrimos el transportín y le entregamos a Tiggy a David. La conexión entre los dos fue fascinante. No hay duda alguna de que ella le reconoció. Se acurrucó en sus manos, escondiendo la carita entre sus brazos como cuando era un bebé, y se quedó tranquila y relajada. Él le hablaba en inglés, deseándole suerte y acariciándola con cariño y ella sencillamente escuchaba y le miraba. Fue precioso.

Corre y se feliz pequeña, ojalá tengas una vida larga y fácil, come muchos gusanitos y no vuelvas a cruzarte con los humanos a no ser que necesites ayuda.